Qué pronto se acostumbran los humanos a todo. Durante largos años de bonanza la gente vivía bien y nadie se quejaba. Hasta que, de repente irrumpió la famosa crisis y todo se fue al garete. Bueno, con “todo” me refiero a esto de vivir por encima de las posibilidades de uno, cosa que hacía prácticamente todo el mundo. Los primeros tiempos de la crisis fueron tremendos, pero ah... el género humano ostenta una capacidad sin par cuando hay que adaptarse a situaciones adversas (bueno, en realidad no se adaptan, se aprovechan de ellas).
En un principio la crisis era cosa de un año. Luego de dos y después de cinco. Ahora parece haberse generalizado la opinión de que las cosas nunca volverán a ser como antes. Pero no pasa nada, a estas alturas la crisis ya no es un problema, es la solución a todos los problemas. Al fin y al cabo, las cosas iban muy bien cuando se vivía sirviéndose del (supuesto) dinero del mañana, pero la crisis ha descubierto un modo todavía mejor de vivir: sin dinero. Así de simple. Así de cómodo. Y cuando digo “vivir” me refiero a hacerlo como antes, sin quitarse de nada.
La crisis es el pretexto para todos. Es el pretexto perfecto para ti, empresario, que durante los años de bonanza has vivido como un rey, y que ahora puedes esclavizar a tus empleados como más te guste: puedes reducirles el sueldo o hasta no pagarles (la cosa está muy mal, lo entenderán). Ellos pagarán ahora el nivel de vida del que disfrutaste cuando las cosas iban bien (un nivel que hay que mantener a toda costa).
Es el pretexto perfecto para ti, ladrón de poca monta, que puedes romper los cristales de los coches con impunidad. Al fin y al cabo los funcionarios (policía incluida) ya no se esmeran como antes; también para ellos es el momento perfecto para no esforzarse. Es el momento, estimado funcionario, de no-trabajar sin que para ello haya que dominar el complejo arte del disimulo. Un pequeño ajuste del sueldo es motivo más que suficiente y conocido.
Es el pretexto para ti, desvergonzado, que siempre has soñado con no pagar por los servicios que te dan o por las cosas que compras. Llama para que vengan a repararte el ordenador, es el momento propicio. Luego, cuando tengas que pagar la reparación, ya no tendrás que decir que el ordenador no ha quedado del todo bien (aludiendo a razones vagas y poco claras). Di que no te gustaba el técnico porque tenía pelos en las orejas, o simplemente di que no tienes dinero. Pero sobretodo no pagues, hombre, no seas tonto.
Se dice que cuando no hay dinero sale a relucir lo peor. Menudo panorama nos espera, porque es precisamente lo peor lo que saldrá adelante de todo esto.