viernes, 12 de noviembre de 2010

Escritor con ánimo de lucro y lascivia.

Voy a escribir un libro. No será una novela autobiográfica, por supuesto. ¿Qué interés iba a tener una vida tan penosa como la mía? En realidad este libro que tengo en la cabeza es más bien una inversión de futuro. A muy largo plazo, eso sí.
Se trataría de contar la historia de una virtuosa ladilla que sufre de las injusticias de nuestra sociedad actual y que logra sobreponerse a todas ellas gracias a una serie de sucesos hilarantes e inexplicables. Aquí viene lo importante, y es que el éxito de mi historia depende de hasta qué punto logre convertir dichos sucesos en hechos probados. Es muy sencillo, solo tengo que hacer que la historia transcurra en un contexto lo más realista posible y, sobretodo, utilizar un recurso llamado “fe”, que convierte de forma casi automática la ciencia ficción en historia de la humanidad. Si lo hago bien no solo seré creído, además conseguiré que mi ladilla virtuosa sea admirada hasta el punto en que todos deberán de hacer lo que ella hacía o decía. ¿No sería genial? Imaginemos, por ejemplo, que no me gusta el atún en escabeche y que por alguna desdeñosa razón no quiero que nadie lo consuma en los próximos miles de años. Bastaría con incluir algún episodio en el que la ladilla virtuosa le atribuyera propiedades pecaminosas y listo.
Pensando en lo que podría pasar dentro de unos años, se me dan la vuelta los ojos: los beneficios que podría obtener serían tan grandes que apenas puedo llegar a imaginarlos. Mi personaje sería retratado de todas las formas y maneras posibles, harían millares de edificios en su honor, las madres le canturrearían con devoción… y lo más importante, mis lectores acabarían pensando que sus vidas actuales no son más que un vulgar tránsito en el que no van a necesitar bienes materiales, los cuales serían convenientemente recaudados por los mismos que promulgamos dichas ideas. Menudo negocio.
De todas formas, cuantas molestias me voy a tomar para nada. Al final me temo que la rentabilidad tardaría demasiado tiempo en llegar, lo más probable es que no llegara a sacarle partido en vida. Y que dentro de dos mil años unos pocos afortunados puedan enriquecerse a mi costa, o cometer delitos sexuales con total impunidad y aprobación, no es algo que me motive demasiado.