viernes, 3 de diciembre de 2010

Por si acaso.

Me da la impresión de que el tiempo no es algo que el género humano domine especialmente. O sí; al menos en el día a día, en la vida cotidiana. Pero no sé qué pasa, que al mezclar tiempo y dinero las cosas se complican irremediablemente.
Todos conocemos los problemas que ha habido con esta invención humana de tener en cuenta el dinero que no se tiene hoy, sino el que se tendrá mañana. No entraré ahora con ese tema, salvo para recordar que en el futuro no hay nada seguro y que se trata de una invención que solo puede traer problemas.
Pero ni en el supuesto de que alguien pretenda vivir sin tener demasiado en cuenta el factor tiempo, no es fácil. Parece haber una especie de ley natural por la cual todo aquel dinero que ha de recibirse es susceptible de sufrir retrasos y en cambio todo aquel dinero que ha de pagarse es susceptible de sufrir adelantos. Pongamos ejemplos que a todo el mundo le sonarán enseguida. El sueldo, que es dinero a recibir. El sueldo baja, o se retrasa, o ambas cosas al mismo tiempo. La factura de la luz, que es dinero a pagar, sube y se cobra por adelantado. Muy por adelantado. Quiero decir que se inventan un consumo que tendrás dentro de unos cuatro o cinco meses y te lo cobran YA. Y cuando reclamas te dicen que ya no te lo cobrarán más, y luego vuelven a inventarse un nuevo consumo exorbitado y te vuelven a cobrar por lo que, presumiblemente, gastarás en el futuro. Y así vamos.
Ni que Endesa estuviera al borde de la quiebra. Ni que Endesa tuviera que verse obligada a engañar a la gente para sobrevivir. Ah, no. Calla, calla, si resulta que Endesa estaba ganando tres mil millones de euros este año. Qué cosas.
Parece que alguien tenga la esperanza de que el futuro nunca llegue. Si el tiempo se parara hoy mismo, habría tanta gente que no ha cobrado por lo que ha trabajado y que, en cambio, ha pagado por cosas que no ha recibido todavía.
Por favor, con lo fácil que es estar al calorcillo de unos pelos rizados sorbiendo un poco de sangre aquí y otro poco allá. No hace falta pensar tanto en el futuro. Si se puede sorber sangre, se sorbe. Y si no, a buscar un nuevo huésped. Y punto. Así de sencillo.