lunes, 7 de marzo de 2011

Compañero de piso.

He vuelto. Todo el mundo tiene derecho a un pequeño descanso, pero una no puede permanecer demasiado tiempo callada, no cuando esta realidad que nos rodea se hace espesa, borrosa e irritante. De modo que, tras un breve lapso en silencio, vuelvo a escribir mis infumables textos.

Y empiezo lamentándome de lo poco que se nos quiere. Con el poco trabajo que damos. Estamos viviendo tranquilamente entre los pelitos, sin que nadie nos vea, comiendo un poco de sangre y ya está. No hacemos ruido, no rayamos los muebles, no babeamos. No olemos a pelo raído. Y no tienen que recogernos la mierda. Sin embargo, los humanos prefieren rodearse de perros. Qué increíble injusticia. La necedad del ser humano no tiene parangón.
Además, es un hecho creciente. Hay días que contemplo horrorizada como las personas ya no caminan solas por las calles, ni siquiera acompañadas por miembros de su propia especie. Sino por perros. Solamente por perros. No se ve a nadie caminando solo. No se ve a nadie caminando junto a otra persona. Solo el binomio inevitable: un perro y un humano equipado con su bolsita de mierda.
¿Por qué los prefieren? ¿Porque son tontos? ¿Porque hacen caso de todo lo que se les dice, independientemente de lo que a ellos les vaya bien? No soporto la idea. Los humanos en su ansia infinita de comodidad y egocentrismo solamente consienten rodearse de criaturas fieles que les idolatren y les obedezcan de forma obcecada e indiscutible. Aunque ello implique que tienen que recogerle la mierda todos y cada uno de los días de su vida (en su punto álgido de calor y olor, por cierto).
Da igual que vivas en un piso minúsculo y que tu perro pese cuarenta quilos. Da igual que tu sofá esté lleno de pelos, o que el edificio entero despida un desagradable olor a pelo nada más abrir la puerta de la entrada. Da igual que los demás tengan que aguantar ladridos nacidos del capricho o de la histeria de una criatura irascible y violenta por naturaleza. Porque a los humanos se les puede engañar, diciéndoles que el perro pertenece a la raza “tranquilo_que_no_hace_nada”, pero yo sé que no es así. El que no muerde te babea. O te ladra. O intenta follarte.
Y sin embargo todo el mundo tiene uno o lo quiere tener.
A veces da la impresión de que el género humano ya ni siquiera cree en sí mismo. A veces pienso que hay más personas viviendo con perros que viviendo con una persona. En definitiva. El perro ya no es el mejor amigo del hombre, es el mejor compañero de piso.