Qué mal montada está la vida de los humanos. A veces tengo la sensación de que hay una especie de plan maestro para que, llegado cierto punto en la vida de una persona, ésta vea truncados todos los esquemas que se había ido haciendo previamente. Como dice aquella genial canción de Presuntos Implicados “sientes que la vida va tejiendo su traición”.
Quizá esa sensación sea resultado, en parte, de una educación inadecuada. Y es que durante el crecimiento, consciente o inconscientemente, aprendes una serie de cosas que luego no se corresponden con lo que te encuentras.
Por ejemplo. A base de ver películas y más películas (americanas), se te va metiendo en la cabeza que las cosas funcionan en base a extremos, que los buenos son muy buenos y los malos son personas calvas de dientes verdosos que ríen de forma exagerada mientras acarícian un gato persa. Una siempre tiene la tentación de seguir ese modo de pensamiento simplista, con el que las cosas son mucho más sencillas. Pero no sirve para la vida real. Las cosas están llenas de matices. Todo es relativo.
Por ejemplo. A base de jugar a videojuegos, una interioriza que con tiempo, dedicación y esfuerzo puedes avanzar y conseguir lo que te propones. Cosa que la vida te va demostrando que no es así (espero no estar revelando una terrible verdad a nadie, no quisiera sentirme como si le contara a un niño que los reyes magos no… em… bueno nada). Lamentablemente, lo único que te asegura el esfuerzo es que tarde o temprano vas a estar cansado.
Por ejemplo. Tus padres (por lo general) te enseñan que tienes que ser una buena persona. Después, tu jefe te enseña que tienes que ser un poco hija de puta. Luego, día tras día, los clientes se van ocupando de hacer desaparecer el “poco”.
Por ejemplo. Contrariamente a lo que una podía pensar, aprendes que la base del ÉXITO está en saber lavarse bien las manos. Pero no por higiene, estoy hablando de delegar las responsabilidades cual molestas moscas. De quitarse el muerto de encima sistemáticamente para cargarlo a la espalda de otro.
En fin. Prefiero dejarlo aquí. Yo soy una ladilla y tengo las cosas claras. Me meto entre los pelos y chupo sangre. Nada más. Pero no sé porqué, tengo un día de aquellos en los que me apetece buscar una densa mata de pelo para quedarme en un rincón mullido y calentito.