viernes, 22 de julio de 2011

Minorías tozudas.

Con la que está cayendo y algunos parece que no se enteran. Esta mañana el debate del día en una de las radios más escuchadas de Cataluña versaba sobre el idioma en el que se distribuyen las películas en el cine. Algo que, por supuesto, nos afecta mucho a todos y que ocupa uno de los primeros lugares en el ránquing de problemas que acucian a la ciudadanía (solo por detrás del paro y de la crisis).

Resulta que la última película de Harry Potter ha tenido pocas copias en catalán. Resulta que éstas han tenido poco público, si lo comparamos con una sala que la exhibía en castellano.
Unos explicaban sus peculiares teorías sobre conspiraciones orquestadas desde todos los estamentos sociales y comerciales en pos de la aniquilación del catalán. Otros explicaban que no tienen por qué llevar a sus hijos a ver una película en otro idioma que no sea el que se habla en la casa de estos (unos niños que luego asisten a clases con un inglés nativo que no sabe una sola palabra en catalán, que les pone películas de Walt Disney en versión original y que les cobra una pasta gansa a los padres, quienes pagan orgullosamente).

Probablemente, a la gran mayoría le da lo mismo ver la película en catalán o en castellano. El debate sería, más bien: ¿Por qué tanto empeño en distribuir copias en catalán cuando la gente, mayoritariamente, NO QUIERE ver películas en catalán? Si tienen que escoger entre el idioma o verla en 3D, escogen el 3D. Si tienen que escoger entre ir a un cine cercano o desplazarse para verla en catalán, se quedan en el que hay más cerca. ¿Qué más hace falta?